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Terra
La Coctelera

TREINTA AÑOS REINANDO

Hoy se cumplen treinta años de la proclamación de Juan Carlos I como Rey de España, y aunque uno no tiene especial simpatía por la institución a la que representa debe confesar que sí profesa algo parecido al cariño o a la admiración a este hombre que consiguió traernos una democracia cuando había muy serias dudas respecto a que tal fin pudiese ser posible. Vaya, pues, desde aquí un brindis a su salud y mi deseo de que tarde mucho en dejarnos.

Madrid, 0 - Barça, 3

El público del Bernabéu ha terminado aplaudiendo al F. C. Barcelona después de otro partido del siglo. Hacía tiempo ya que no ocurría, para ser exactos desde que en los ochenta el insigne Maradona deleitara a Chamartín con una de sus jugadas maestras, pero en la situación actual la cosa no deja de tener su gracia. Situémonos: Madrid, la capital del imperio que muchos añoran todavía, la representante por antonomasia de esa España única e imperial, arrodillada ante la Cataluña periférica, prescindible e inconformista. Hablo, claro está, desde la perspectiva de quienes continuamente alertan del inminente desmembramiento de este Estado y del gran peligro que el presidente Zapatero supone para la Constitución de 1978, la monarquía parlamentaria y nuestra propia integridad física. El PP, tan ofuscado que anda en sus luchas contra un enemigo fabricado de humo y resentimiento, haría bien en aprender del público del Bernabéu. Y eso que nadie ha dicho nada de si Aznar andaba por las gradas.

¡Franco, Franco, Franco!

Una vez más, como cada década por estas fechas, nos hemos visto conmemorando la muerte de Francisco Franco, Caudillo de España por la gracia de Dios y de su infamia. Como suele ocurrir, han salido a la palestra partidarios y detractores, estudiosos y skinheads, vituperando o ensalzando la figura de quien gobernó este país entre 1939 y 1975. Como es normal, santo para unos y diablo para otros. Lo que habría que recordar es que ese señor fue, ante todo, un dictador que llegó al poder gracias a un golpe de Estado que derivaría en una Guerra Civil planificada no como un mecanismo para el control de un Estado, sino como un exterminio gradual de todo aquel que no compartiese sus ideales, que, por lo demás, poco o nada tenían que ver con los de justicia e igualdad que deben regir cualquier país que se precie de civilizado. Lo más cachondo es que quienes aún continúan defendiéndole aparecen diciendo que tienen que ocultarse para poder hablar porque si no quedan marcados por la sociedad. Y yo les digo: Faltaría más. Faltaría más que en un régimen democrático pudieran expresarse a sus anchas aquellas personas que no buscan sino atacarlo, destruirlo y erigir sobre sus cenizas una nueva infamia. Lo peor es que he leído en Internet a un tal Fermín Alonso Sádaba quejándose de esa situación y argumentando que "los que perdieron fueron ellos". ¡¡Eso es espíritu de convivencia!!!
Lo esencial es que Francisco Franco Bahamonde lleva muerto ya 30 años. Y es de desear que Belcebú lo acoja en su seno por muchos más.